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Preguntas que se hace un financista

    Acerca de un escritor asombrado. Por Walter Tresols. Misiones, escritor.

    Financistas

    Recuerdo una escena de la película Nueve Reinas: el más tramposo de los dos personajes de la dupla de delincuentes, le pregunta al otro si tendría sexo con un hombre a cambio de una determinada cantidad de dinero. A lo que éste responde, con la celeridad y actitud que el manual básico del pequeño machista homofóbico ilustrado indica, con un no rotundo.

    El primero eleva progresivamente la cifra. La resistencia monolítica inicial se debilita a medida que la oferta crece. Hasta que finalmente ante una cifra exorbitante, accede.

    — Te das cuenta, putos es lo que sobra, lo que falta son financistas.

    Escritores

    Junto con esa escena, recordé algo que leí o escuché alguna vez. Decía que por suerte los escritores somos bastante perezosos, sino a la sobrecarga de publicaciones que ya existe se sumaría un volumen de texto infernal. Y superpuesto a ese recuerdo, algo que creo que dice Aira (si no lo dice, bien podría decirlo) cuando le preguntan cómo hace para escribir tanto, él contesta que no escribe mucho, sólo una página por día. Eso da un libro de trecientas sesenta y cinco páginas cada año. Es decir, cualquier persona ‘normal’ que se acerque a los setenta años, debería tener como mínimo cincuenta libros escritos. Incluso desconociendo alguno de los de la primera juventud, esos que nos permiten después la coquetería de tener de qué avergonzarnos, y ostentar elípticamente además lo bien que le hizo el paso del tiempo a nuestra escritura (?).

    Oportunidad

    Me descubro de pronto pensando estas cosas, sin saber bien por qué. A partir de la invitación de Carlos a publicar en Neaconatus se instaló en mis neuronas trajinadas la idea de frontera y de asombro.

    No es que me haya impuesto el objetivo de la página diaria o que quiera salir de una supuesta pereza, mucho menos que haya en juego una cifra, aunque sea módica, escritores es lo que sobra sin necesidad de financiamiento alguno. Creo que tiene que ver con la oportunidad de preguntar. Preguntarme. Y, aunque sea desde el gueto de un teclado en medio del monte, pensar esa pregunta con otros.

    Me quedaron rondando palabras de uno y otro lado de la frontera del asombro.

    Fronteras

    Cuando se corre una frontera, nos demos cuenta o no, hay una disputa.

    Correr una frontera significa siempre modificar un espacio. El espacio tal como lo concebimos es acotado, por lo tanto, es inevitable que el territorio que se gana de un lado, se pierda del otro.

    Ganar territorio para algo o para alguien de un lado, implica la correspondiente pérdida del otro lado de la frontera.

    Preguntas

    ¿Qué territorios están en juego cuando se corre la frontera del asombro?

    ¿Quiénes ganan espacio, quiénes pierden?

    ¿Cómo se determina quién queda de un lado y quién del otro?

    ¿Qué significa lado, en términos de asombro?

    Y fundamentalmente: ¿hay algo que podamos hacer nosotros para correr los límites que amplíen el territorio del lado de lo humano?

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    El deseo se pierde en el monte

    La línea que separa mis manos de la oscuridad dibuja un pájaro ciego al borde del camino. En el territorio, un cementerio de promesas rotas viaja hacia un destino de dioses abandonados a su muerte. ¿Quién nombrará la frontera? ¿Quién hará de cada recuerdo la bala que alimente un arma de futuro? En la noche del asombro, el espacio que habitan tus manos se vuelve extranjero. Del otro lado de la frontera, un ave con las alas rotas acecha el porvenir de la sangre derramada. No ataca, no vuela, no me nombra. Se arrastra monte adentro buscando un país de huesos incendiados.

    El deseo se pierde en el monte

    muerde los huesos

    cierra sus fauces sobre aquello que fue una pierna

    y quiebra juntos

    la tibia y el peroné izquierdos.

    Mi madre cubre su esqueleto mutilado

    con gajos de luna

    el invierno atraviesa la mañana hacia lo profundo del verde.

    El frío anida en nuestros huesos.

    ¿Hay un fuego que aún podamos encender?

    ¿Seremos capaces de volver a engañar a los gigantes

    y robarles las brasas?

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