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Protejamos la Biodiversidad y también la Bibliodiversidad

    Por Alberto Szretter. Posadas, Puerto Rico. Escritor y Médico

    Neaconatus en la Feria Provincial del Libro de Oberá

    Hoy Neaconatus está acá, en la edición número 46 de esta Feria, con los hermanos Tresols, que son de Oberá. Asimismo queremos aprovechar la oportunidad para saludar a Walter Tresols, el poeta de Contracantos, y también agradecer la carta que en 1998 mandó a otro poeta, don Alberto Szretter, con este hermoso libro.

    Neaconatus, que comenzó hace un poco más de dos años, como una revista virtual, un espacio de literatura, se fue complejizando con el tiempo y desde el año pasado quisimos, no solo dar lugar a cuentos y poemas de los artistas de Misiones y del NEA, a sus opiniones literarias, sus reseñas y críticas (ese género tan olvidado en estos tiempos), sino además publicar sus obras. La transformamos en una Editorial. Publicamos 1) JAM, antología de escritores y escritoras menores de 40 años, conocidos algunos, otros inéditos. Publicamos 2) Dibujos Urgentes, un volumen con dibujos del arquitecto Esteban Cárdenas y publicamos 3) El Club de las señoras desinformadas, de María Tresols, aquí presente. Autora que nos enorgullece y que esperamos que nos deleite en un rato con alguna lectura.

    En esta misma Feria, nos gustaría hablar sobre la problemática actual que tiene el libro. Para Neaconatus el libro es algo más que una cosa (ya enseguida vamos a charlar sobre los objetos) es un vehículo valioso, no es algo inerte. O sea, posee un plus que la Editorial Neaconatus estima en alto grado. Sin embargo, el libro está pasando un mal momento, básicamente la producción de este primer semestre, ha sido muy baja. La auto edición, esencial en esta provincia, porque la producción en Misiones se basa en la tirada que paga el o la autora, demuestra una gran depresión. Las subas semanales de las imprentas (no dan presupuestos más allá de los siete días), por el alto costo del papel y el desabastecimiento, (el papel en Argentina está en manos oligopólicas, son dos empresas principales) prácticamente están haciendo desaparecer el libro.

    Estamos en una crisis profunda. El costo de un libro se distribuye más o menos así: 60% de papel (hasta hace uno o dos años, ese porcentaje era del 40%); 20% para la imprenta; el resto es el costo de la encuadernación, la diagramación, el diseño, la corrección, la ilustración. La biodiversidad que pedimos respecto a la naturaleza, también exigimos en el tema libro, con bibliodiversidad, porque las grandes Editoriales solo apuestan a las grandes ventas, son empresas que deben dar rédito, y postergan al abandono al resto de los creadores. No cumplen una función social, como las pequeñas Editoriales, como anhela ser Neaconatus.  Se necesita una política de Estado para cambiar esta tendencia. Entonces debido a la carestía, los libros compiten (y pierden) con las necesidades básicas, como ser cubrir la canasta familiar.  No se consume libro de ficción realizado en Misiones por falta de interés, sino porque la gente no tiene poder adquisitivo. Ya la cultura es un lujo. Pero NEACONATUS sigue luchando buscando alternativas.

    El libro que puede tratar cualquier tema. Pero si nos restringimos al de literatura hay que decir que es un volumen que se dedica a la ficción, o sea a lo fingido o inventado, es decir a lo imaginado. Es maravilloso que se haga una Feria, se presenten y vendan libros, y participemos, etc., cuando atrás de todo está, muy señorona, una mentira, es decir, un cuento. Porque la literatura es una interpretación de la realidad, o de las realidades (como aseguraba Cortázar). Para decirlo pronto: una mentira que dice la verdad.

    Sabemos que nació en las cavernas de la prehistoria cuando alrededor del fuego nuestros parientes a la noche exageraban su valentía durante la caza diaria, y les restaban importancia a las huidas en las peleas con rivales o con otras fieras. Y sabemos que se consolidó en aquel tiempo en que un muchacho que cuidaba ovejas venía corriendo a pedir ayuda a los gritos, porque se acercaba un lobo, pero el lobo no existía.

    Después las mentiras se diversificaron. Hasta se inventaron personajes como Pinocho. Pero hay otras fábulas: las noticias falsas o fakenews, que son un método de confusión y manipulación, a nivel mundial, de los grandes Medios. No mienten porque se equivocan, el error no es lo mismo que el engaño. Aleksandr Solzhenitsyn escribió en Archipiélago Gulag “Los medios de comunicación globales están en manos de criminales (también se refería a la política mundial). Sabemos que mienten. Ellos saben que mienten. Ellos saben que sabemos que nos mienten. Sabemos que saben que sabemos que nos mienten. Y, sin embargo, siguen mintiendo”.

    También hay una mentira en la sociedad. Fingimos para parecer más amigables y competentes. El 60% de la gente es mendaz, varias veces en una charla entre conocidos. Por momentos para agradar, otras veces para mejorar su imagen. También están las mentiras piadosas.

    Hay una mentira que es el reverso de una expresión de deseo. Mensajes de paz, serenidad, de emoción, de aprovechar la vida, de gozar cada instante. Un imperativo categórico de ser feliz, con múltiples métodos para conseguir esa fortuna. Son fantasías que nos hacemos a nosotros mismos, y buscando ese equilibrio nos llenamos de cosas. Vivimos repletos de cosas, de materiales; y así está nuestra ciudad, nuestra casa, nuestra vida. Estamos rodeados de un mar de cuerpos, de entes. Hay gente que, apenas puede, compra en tiendas, en el súper, almacenes, kioscos, en locales, en concesionarias, en shopping, en sucuchos, en boutiques, en puestos callejeros. Hay ofertas, liquidaciones, viernes especiales, promociones los martes, venta mayorista, o dos por uno, y se ofrecen zapatos, muebles, licuadoras, en cuotas, con rebaja, a pagar en meses, en años. Pareciera qué si no estuviéramos rodeados de piezas, el planeta se terminaría mañana.

    Se terminará mañana cuando con el consumismo, nos abarrotemos de objetos. Además de los gases y su efecto invernadero, esta es otra contaminación del planeta: las cosas ociosas, porque son a la postre, inservibles. Mientras la propaganda nos incita (y nos convence) a continuar adquiriendo. Porque para el capitalismo el progreso es el aumento de la oferta. Esa es la gran falsedad de esta época. La vida actual se construye a partir del mercado. Estamos abarrotados de bártulos, que tapan con su estupidez de avíos las acciones solidarias en un tiempo trágico, de guerras y desplazamientos, de hambrunas, de injusticias, y traiciones. Encontramos indiferencia en la gente, que solo gasta su poco dinero en obtener cosas, arreos, ornatos, artilugios.

    ¿Puede la literatura hacer algo, y en todo caso, qué, para paliar el dolor de la época? Ante la insensibilidad que significa colmarse de objetos y no de solidaridad ¿qué hace el arte, el ambiente de la cultura, los artistas, qué hacen frente al utilitarismo, a los saldos y retazos, al “sale”, al “40% off”, frente a la IA, al pensamiento mentiroso de creer que la solución está por el lado de la tecnología? ¿El arte puede hacer algo, ahora que la humanidad va cruzando el umbral de un tiempo desquiciado a otro tiempo incierto?

    El arte y la literatura no sirven para nada, porque carecen de propósito inmediato. Desde este punto de vista, nada podemos hacer por el planeta y su gente. Pero como decía el recientemente fallecido Nuccio Ordine, se puede hacer ¡sí, señor!, se puede hacer justamente desde la utilidad de lo inutilidad, en un mundo práctico, de velocidad y usufructo, donde todo se ha cosificado y mercantilizado, donde se ha llenado de cosas.

    Desde Neaconatus queremos decir que personalmente, cada uno, quizás lo único que pueda hacer es no vender su alma al diablo, al marketing, o como se llame; y tratar de que el vecino, y el vecino del vecino, o sea los lectores, los parientes y amigos y conocidos, tampoco lo hagan; y resistir a fuerza de versos y de prosa. Formar grupos de partisanos, pasar a la clandestinidad de las Letras, tirar a los poderosos agua hirviendo desde los techos, arrojar miguelitos de poemas, y bolitas a los caballos de la fuerza bruta, hacer huelga de discursos caídos en actos oficiales, denunciar que el rey está desnudo. No podemos quedarnos en una campana de cristal. No podemos ser pasivos espectadores de una decadencia terminal.

    En vez de cosas tangibles, cacharros que solo nos dan una sonrisa fugaz, llenémonos de sueños más duraderos, de esperanzas más cercanas, de imágenes de mundos posibles e imposibles, pongamos la proa hacia una estrella, como invitaba José Ingenieros; o sea, llenemos el planeta de literatura.

    En Neaconatus tenemos la seguridad, de que, de este modo, seremos más felices.

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