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Qué hacer

    Por Santiago Morales. Posadas. Escritor. 2º premio No Ficción 2026. Fondo Nacional de las Artes.

    En 1887 nace Marcus Mosiah Garvey,  predicador y periodista jamaiquino que fundó la Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro y luchó enérgicamente por unir al continente africano.

    En 1945, cinco años después de la muerte de Garvey, también en Jamaica, nace Bob Marley, cuyo segundo apellido era Booker, que se podría traducir como librero, o libroso, ya que book, en inglés, significa libro.

    El 24 de julio de 2014 un hombre lee el libro Qué hacer, de Lenin, mientras viaja en un avión que despega de Uagadugú, Alto Volta. El vuelo es el AH5017 de Swiftair y el  avión cae en el océano.

    El Volta es un río.

    Alto Volta es como decir Alto Paraná. Nada tiene que ver con alto voltaje. Nada que ver con pilas ni energía. Tan poca energía que el país ya ni se llama así, sino que se llama Burkina Faso. Nada tiene que ver con la marihuana sino que faso significa patria. Y Bob Marley no viajó desde Jamaica a África porque estuviera allí la patria del faso. Ni siquiera es ese el país africano a donde viajó Bob Marley sino que se fue a Etiopia. Por la religión Ras Tafari. Rasta faso. La patria rasta. Pero Bob en el avión no leía a Lenin, a quien apreciaba, sino que leía a Marcus Garvey, quien celebraba la hermandad entre el nacionalismo caribeño y el comunismo y lamentó la muerte de Lenin.

    Leningrado significaría: La ciudad de Lenin. Aunque él no haya nacido allí se puede decir que era realmente la Lenin-faso, porque tanto como el lugar donde nace un hombre (en este caso en Ulanovski) importa el lugar donde trabaja, donde siente, donde camina, y de última donde muere.  

    Marcus el jamaiquino quería unir al continente africano, trascendiendo naciones.

    Unos llevan el pelo cortado al ras, otros lo llevan al ras-Ta, como Bob Nesta Marley Booker. Y el booker es un premio (halago menor) que alguna vez tendría que ganar Pablo Katchadjian escritor que escribió, entre otros, el libro Qué hacer, sobre dos profesores que se preguntan eso en plena clase ante alumnos que también les arremeten esa duda fundamental ante cualquier dilema. —¿Y ahora, qué hacemo’?—

     Me gusta sospechar que Maximiliano Tomas también se inspiró en el título Qué hacer, de Vladimir Ilich, para su Qué leer. Después de todo el “leer” de Tomas podría ser el “hacer” de Lenin.

    Lenin se había inspirado en otro ¿Qué hacer? la obra más importante  de Nikolai Chernyshevski, capo la Revolución de Octubre, publicada por primera vez en 1863. El personaje principal es una mujer que escapa de un matrimonio arreglado y logra la  independencia económica. La novela es densa pero incita la creación de pequeñas cooperativas orientadas hacia la producción industrial y se convierte en un ideal de los primeros socialistas clandestinos del Imperio ruso.

    Chernyshevski, desterrado a Siberia, solicitó y recibió permiso para escribir la novela en prisión. A Dostoyevski no le bastó escribir una novela para todo lo que sintió que tenía que responder a dicha utopía sino que tuvo que hacer dos, Memorias del subsuelo y Los demonios.

    Coetzee dice que “Chernyshevski trata de persuadir a sus lectores de que los vínculos biológicos, económicos y hereditarios entre unas generaciones y otras (por  no mencionar los afectivos) pueden reemplazarse por una serie de relaciones afectivas entre iguales”. Y resalta el éxito del libro para reclutar jóvenes a la causa revolucionaria bajo la premisa de la camaradería como prioridad ante los vínculos sanguíneos que pueden cortarse con menor dificultad. Jóvenes que sí, se preguntaban qué hacer, pero encontraban una respuesta con celeridad.

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