Ir al contenido
Inicio » Señor mandatario, me dirijo a usted…

Señor mandatario, me dirijo a usted…

    Por NEACONATUS

    Según los documentos de identidad, que suelen solicitarse al cruzar las fronteras de la vida, cuando el gendarme exige (podría ser el de Portbou) “papeles”, estos informan que Walter Tresols nació en Buenos Aires por 1963, vivió en Oberá y ahora reside en General Alvear (Misiones). Se formó como ingeniero especializado en construcciones y también es informático. Publicó varios libros y esta obra, Tiburones en el monte, resultó finalista en la convocatoria editorial 2023 de poesía convocada por el sello Baltasara Editora de Rosario (Santa Fe). La ilustración de tapa es una técnica mixta de collage y bordado sobre impresión acrílica realizada por Marirró Amengual. El diseño editorial, con tapa y contratapa a doble solapa, luce sobrio y profesional. No es cosa de todos los días encontrar un libro bien resuelto.

    Tiburones en el monte surge a partir del trabajo realizado en el taller literario de Cynthia Matayoshi. A nuestro autor, una vez examinado el visado, le permiten cruzar al otro lado del tiempo. Liberado de registros, abre su valija y descubrimos, sin arrugas ni zurcidos, una imaginación emancipada. Sus palabras no necesitan “ser-ahí-hoy” ni destacar prepotentes entre la multitud amorfa del “decir-aquí-ya”. Porque tienen la calma del “después”, no demandan un “ahora” urgente.

    Cuando nos dice: cómo se sujeta a un niño que está vivo / desde la ventanilla de un avión / que pueda oler el poema antes de verlo. Ese niño y ese avión son un homenaje a la inteligencia que, en alguna esquina del camino, se nos cayó del bolsillo. Nos obligan a desandar baldosa tras baldosa para reencontrarnos con sus poemas. No es un eufemismo, son versos que dan ganas de ser leídos una, dos, las veces que los necesitemos. Hasta algunas líneas motivan desarrollarlas y componer una canción.

    Da la impresión que Tresols dice, habla, en un decir y un hablar (que no son lo mismo) tan simple que su mundo debe ser vuelto a leer y otra vez, y otra, para descubrir lo que dejaba entrever o sospechar: la profundidad de su mirada, posición, punto de inflexión del lenguaje común, cotidiano en poesía. Fijémonos que la poesía utiliza los mismos términos que el de la conversación entre amigos, parientes, conocidos, pero el poeta, le da una vuelta cambota y con su varita mágica (el talento, la sensibilidad, el alma poética) la torna poema.

             el padre que se hizo pájaro/si lo ves/decile que cada día salgo al camino/a esperar frente al lapacho/por si regresa el vuelo.

             ahora que nadie recuerda lo que era el fuego/deberé explicarle a los muertos/qué es el humo.

    La poesía de Tresols es el humo a lo lejos no la llama en la hoguera.

    En una parte escribe a lo Goya que el exceso de razón produce monstruos. Los artistas dan en el clavo siempre que sean artistas en serio, creadores, porque en estos tiempos de aparente certidumbre de laboratorio, de chips, de artificios, como simulando trucos de magia de un financista del Morgan Chase, todo puede ser una gran mentira.

    en lo peor de la espera/las certezas/juegan a la escondida con la desilusión

    Así aparecen tiburones en el monte. Quizás por eso el autor propone algunas medidas, desafiando al marketing, por ejemplo, un black friday de abrazos, o un turismo de aventura con dos días gratis en el cuero del otro. Tal haya, dice Tresols, una estampida inflacionaria de alegría, pero son riesgos que se tienen que correr.

    No recurre mucho a las metáforas desbordadas de palabreríos e imágenes, baja a la tierra para “cruzar un puente”.  No usa puntuación, ni mayúsculas, al estilo de Juan Gelman, y en esa corriente se leen palabras como un goteo incesante: padre, silencio, espejos, montañas, madre-hermano, nombres propios (quizás familiares), soledad, violencia, huesos, viento, perros (Tresols los nombra con la obsesión de un por qué), agua, mar, sangre, cocina, monte. Usa (poco, pero usa) palabras en guaraní y hasta en japonés. Habla de las ventanas. Y las ventanas en los haikus poseen una figura importante.

    Con este hombre hay un problema: escribe bien. ¿Cuál sería el problema si escribiera como todo el mundo, o mal? Ninguno, pasaríamos de largo. Pero este poeta se empeña en ponernos un parate. Se nota de entrada, ya en los primeros versos de su nuevo libro que viene con el cuchillo bajo el poncho, queremos decir, viene con poesía excelente, distinta, llamativa. Porque la polución poética se ha instalado en el horizonte creativo como una brea que encapsula la dimensión literaria. Prima una subjetividad exuberante, donde la exposición emocional, normalizada, no deja lugar (casi) a la orfebrería del lenguaje, a la imagen cincelada más allá de la necesidad perentoria de la expresión. El sentido ha sido suplantado por el sentir.  

    Asimismo, cabe agradecer al poeta la toma de distancia del romanticismo fácil, ese que sigue llorando al amor ido, a la tierra esquilmada, a los atardeceres misioneros a orillas del Paraná. Y lo afirmamos con la idea de problematizar, justamente, la crítica. Ya es hora de haber vencido temblores íntimos, no porque no sean válidos para el o la sufriente poeta, sino porque las letras de la provincia tienen que superarse en forma y en forma (entiéndase la distinción).

    El autor no circula, tampoco diserta en ferias del libro, elude exponerse, sólo escribe. ¿Para un público imaginario? Quizás ni le interese, mueve el alfil o la torre, jaque mate, y se va. Pero nunca estuvo frente a nosotros. ¿Dónde está? Es un nowhere man, un hombre de ningún lugar. Esta medicina necesitamos, escribir cartas y saber esperar respuestas que nunca llegarán. Que de eso se trata crear, posponer la locura o el suicidio. La ponderación es la agonía de la posteridad, la dosis diaria que nos hunde en el bajón de la esperanza, para volver a comenzar el ciclo enfermo del reconocimiento de los otros. Los verdaderos hacedores no necesitan nada de esto, Tresols tampoco. Pocas, son escasas verdaderamente, las personas que hacen estos poemas tan hermosos y sencillos. Y acá tenemos una pista de su faca ladina, aparentan sencillez. De la hermosura, ni hablar porque resalta sola, como toda que tiene buenos versos.

    Sin embargo, no todo es un camino tapizado de rosas. Y surgen las preguntas con las que siempre fastidia NEACONATUS. Estupendo, Walter Tresols publicó un nuevo libro, no interesa si lo bancó la editorial o es una autoedición, a esta altura del partido poco importa saber cómo alguien logra editar algo, con hacerlo ya se puede dar por satisfecho. Pero ¿Y dónde lo puedo comprar? ¿Quién lo distribuye? ¿Cuánto cuesta? ¿Cuáles medios lo reseñarán? ¿Alguna área de cultura oficial se ocupará de promoverlo o premiarlo con algo más que una estatuita? ¿Dónde se presenta? ¿Hay un público dispuesto a buscar este libro? ¿El autor con gozar regalándolo a sus amigos/as se puede dar por bien pagado? El escritor es feliz, el artista ya goza creando, suficiente, ¿Por qué necesita, además, ganar dinero? ¿Que vale molestar con estas preguntas? Es lo que hay, y no va a cambiar. Nada ni nadie reemplazará esta lógica afónica casi fantasmal. Mejor no profundizar, dejemos todo como está. Un libro excelente más, destinado a encontrar su propio destino azaroso. Ya el pequeño sistema regional de distribución ha elegido sus “próceres literarios”. Bien dice Cynthia Matayoshi “la poesía aquí se descubre como un lugar lúdico y de resistencia, sin olvidar la belleza.” Esto va de resistencia, todo cuerpo es político, la literatura también. Quien así no lo entienda, puede seguir bailando en el Palacio de Invierno en San Petersburgo.

    Felicitamos a Walter y el refresco que hace de los versos de esta parte del país. Le agradecemos la complicación que nos trae. Un texto literario (poema, narrativa, escena dramática) puede ser esclarecido o comentado o reseñado desde diversos puntos de vista. Como las ventanas, que menta el poeta referido, que se abren a un panorama, estos puntos de vista están justificados si en la observación se procura distinguir algún rasgo esencial de lo escrito, alguna riqueza o emoción, algún alcance moral… Sinteticemos: una significación trascendente. Este libro maravilloso, lo tiene.

    Aplausos.

     

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *