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Sobre La autopista de sur

    Por Alberto Szretter. Posadas. Puerto Rico. Escritor y médico

    En 1966 Julio Cortázar publicó un libro donde hay un cuento, La autopista del sur. El tema es un gran embotellamiento, un domingo, entre Fontainebleau y París, que dura varios días.

    Curiosamente en la revista Playboy, número 11, de noviembre de 1958, hay un antecedente de esta historia, Jam, de Henry Slesar (1927-2002), que fue un autor norteamericano de relatos breves (aunque también hizo novelas) y guiones cinematográficos y estuvo en varios film y programas de Alfred Hitchcock. Jam quiere decir mermelada en inglés, pero también atasco. A esta acepción, la de un enorme taponamiento de automóviles, se refiere esta versión.

    Del cuento del argentino se hizo, mucho después, una película con Alberto Sordi, pero el primer guion para el cine lo escribió el cubano Guillermo Cabrera Infante. Se lo acercó a Cortázar, en mayo del año 1968. ¡El mayo francés! Don Guillermo no tenía suerte. La capital francesa, Francia, el mundo entero, se hallaban encendidos, el escenario era agitado, inquietante. Cabrera Infante que estaba huyendo de la revolución cubana, se encontraba de golpe, sin querer, en medio de revueltas callejeras.

    No solo le llevaba a Cortázar el draft (como lo llamaba al guion), o sea la adaptación de su historia, sino el segundo cheque por el avance del proyecto. El primero fue por los derechos para filmar el cuento. En esa empresa estaba involucrado (y muy adelantado en la producción) John Barry, el compositor, que hasta había empezado a hacer la música.

    Según Miriam Gómez, la viuda de Cabrera Infante, el cubano denominó Jam a su libreto, desconociendo el cuento de Slesar. Esto es algo que hay que tomar con pinzas. Porque ¡qué casualidad! ¿No habrá sido una trampa de su marido, a uno de los escritores más famosos del boom? Cabrera Infante nunca se consideró parte de ese fenómeno literario-editorial. Sin embargo, en sus memorias, relata que alguien le sopló esa coincidencia, y que Guillermo se avergonzó mucho, se arrepintió, digamos; avisó a Barry, y este se apresuró a vender el copyright, y la empresa se disolvió.  

    Dice doña Miriam, que Cabrera Infante no recibió un céntimo por su trabajo, y hasta se sentía con culpa por el supuesto plagio no buscado. Y asegura que no le dijo nada al argentino y que el argentino ni siquiera preguntó qué pasó. Medio raro ¿no?

    Cortázar manifestó en un reportaje que La autopista del sur se le ocurrió estando en Italia (nada dijo de Slesar) porque leyó en un diario la noticia de un embotellamiento monumental en Francia. En ese artículo de L´Espresso había una opinión de un ensayista, Arrigo Benedetti, que aseguraba que una congestión vehicular no es nada. Ese pensamiento está, en italiano, como epígrafe en el relato, “Los conductores excitados, no tienen antecedente. En realidad, el desastre automovilístico impresiona, pero no nos dice mucho”.

    ¿Cómo que no nos dice mucho? Quizás don Arrigo andaba en Vespa, por las calles de Roma, donde siempre hubo caos vehicular y atascos infinitos. El texto de Cortázar (su predecesor no tiene el peso literario de la versión del autor de Rayuela) posee varios análisis. Su lectura es riquísima. Es el primer cuento de Todos los fuegos el fuego.

     

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