
Por Alberto Szretter, Posadas-Puerto Rico, escritor
Nota del editor:
Ennio Flaiano (1919-1972) nació en Pescara, a la altura de Roma, pero sobre el mar Adriático. En la misma ciudad donde nació d´Annunzio. Fue guionista, dramaturgo, novelista, un polifacético autor, que trabajó en radio, TV, y sobre todo en cine. Hizo argumentos y guiones a directores famosos como Fellini (por ejemplo, La Dolce Vita, y otras obras archiconocidas de Fellini se basaron en sus ideas) Antonioni, Luis Berlanga, Dino Risi. Elio Petri, Polidoro, etcétera. Además, trabajó como redactor en varias revistas como Oggi, Il Mondo, Corriere della Sera. Recibió numerosas distinciones, entre ellas el premio mayor que se otorga a los escritores en Italia. Toda su carrera se desarrolló en Roma. Hay en su obra un tinte satírico y grotesco, y también un costado moralista y crítico.
El escritor Alberto Szretter reversiona o reinterpreta este texto motivado por ciertas señales de hoy. La vida actual está signada por golpes de efectos constantes y explosivos, cada vez más novedosos y desconcertantes, de la política, de la farándula, de los futbolistas y cantantes, de funcionarios, de la China Suárez, etcétera. No importa que sean ridículos, increíbles y falsos. Lo importante es distraer, que sean algo morbosos, que la gente no se ocupe de los verdaderos problemas. Estos eventos que saturan las redes, los medios, la tele, se van renovando porque al fin, aburren.
Los protagonistas de esos escándalos cotidianos, desembarcan como el marciano, y ocupan largos centimetrajes en los diarios, y son criticados y elevados hasta casi la santidad, se arman mesas redondas y paneles donde todos hablan a favor y en contra. Luego de un tiempo, cuando la gente ya se acostumbró al fenómeno, todo se olvida. Y pasa lo que al marciano: la gloria de estar viralizado se acaba, y el o la famoso/a se queda solo. Entonces acaba increpado por cualquier desconocido que en la calle le grita -como burla- desde el anonimato y la oscuridad: ¡Eh, marciano! Señal inequívoca que ha terminado el estado de gracia.
Un marciano bajó en Villa Borghese, en el Hipódromo, en Roma, y hubo un gran escándalo. La gente se juntó desordenadamente, aplaudiendo, apretujándose, gritando de alegría. Había euforia y curiosidad, y sobre todo esperanza de que algo estaba cambiando para bien, o se creía que algo iba a cambiar en ese sentido. El clamor de la noticia corrió entre la multitud que cada vez era mayor con el tránsito cerrado por el aumento de gente, de bicicletas, de vespas, de colectivos y automóviles.
Dos amigos encontrados al azar en el apretujamiento de la muchedumbre dicen que vieron al marciano, que era alto, algo melancólico, que hablaba en italiano y vestía abrigado; y que bajó de un aparato circular aplanado, amarillo, grande. Él descendió de la nave y caminó de forma noble, distinguida, hasta el vehículo del Prefecto que lo esperaba, mientras las personas se abrían paso, y dos mujeres se desmayaban y un niño corría tras el personaje.
Al otro día, sorteando miles de observadores, llegó a Vía Véneto, que bullía de gente, y fue recibido por el Presidente de la República. Cuentan que se llama Kunt, que es afable, educado, y vino desde Marte a la Tierra (el viaje le tomó tres días) con fines pacíficos. Por todos lados se ve la felicidad de las personas. Parece que el marciano produjo un efecto bienhechor, de placidez, de distención. Se supo que vislumbra los problemas del país, las dificultades económicas, las irregularidades que -ahora- todos ven como circunstanciales.
La nave, mientras tanto, fue acordonada, y tapiada. Para verla, el público tiene que pagar, y ese dinero, dijeron, va a los hospitales pobres y a obras de caridad.
Todo Roma tiene, embriagada de una especie de locura colectiva, un espíritu de contento, y afirman que no es el fin de la humanidad, sino el principio del mundo. Toda la ciudadanía piensa, se notó en las calles y plazas, que el marciano ha producido una impresión muy favorable.
Muchos fueron a ver el plato volador y salían del predio llorando emocionados. Antiguos enemigos se abrazaban afuera. Era increíble el fenómeno. Hasta parece que el marciano, o su avión redondo, no se sabe, produjo dos milagros, y en una docena de adolescentes, algo similar a convulsiones, como si ese aparato tuviera poderes, energía del cosmos, un aire del más allá, que afecta a los muy sensibles como poetas y músicos. Hay que decir, también, que alrededor del sitio han proliferado kioscos de alimentos y bebidas, y velas santificadas, dicen, con al rocío bendito de los cielos.
Hay que mencionar algo del recibimiento en el Capitolio, adonde el marciano llegó atravesando un gentío espectacular. El alcalde lo recibió, nombrándolo huésped ilustre, y le habló del sistema planetario y de Galileo Fue en ese momento que el marciano se inclinó a la oreja de un cardenal, y se notó que ambos sonrieron.
Los partidos políticos estuvieron como paralizados, aprobando leyes sin ton ni son, y haciendo alianzas impensadas, sabiendo que el marciano estaba en el recinto y observaba todo.
El primer tiempo del marciano en Roma fue ocupado por recepciones, cocktails y banquetes. Esto se entiende, si se hace notar su función representativa, como de un embajador. Pero siempre hay suspicacias. Algunos empezaron a decir que Kunt tiene una misión secreta destructiva de la ópera, por ejemplo, que como sabemos nació en Italia.
Un Periódico vendió miles de ejemplares con la falsa noticia de que el marciano se había ido. Otros empezaron a criticar la comercialización de la visita estelar, porque una fotografía del marciano en calzoncillos, dentro de la suite, se vendió por miles de dólares.
Con el transcurso de los días la vida en Roma volvió a lo de siempre, el atascamiento en las calles, los bocinazos en las esquinas, los hombres y mujeres persiguiéndose mutuamente, con disimulo, las discusiones sobre el fútbol, las quejas del estado de los baños públicos.
No llegó al mes del arribo del extraterrestre, cuando fue recibido por el Papa, según el Osservatore Romano, que publicó sin imagen, la agenda del Pontífice, y al final decía que charlaría en privado, con “el señor Kunt, de Marte”.
En las jornadas siguientes lo inscribieron al marciano en un jurado de belleza organizado por el partido comunista. Dicen que el extraterrestre exclamó muy elegantemente “¿Qué raro, que los comunistas estén en estas cosas?”. Aparentemente no pudo negarse.
Los medios de la derecha política comenzaron a manifestar cierto hastío, sacaron una caricatura de Kunt en un balcón mirando (parece) que a su planeta lejano, como extrañándolo. El dibujo era ridículo, no tenía otro fin que denostarlo.
El periódico Il Mondo aseguró que el marciano recibió doscientas mil cartas. Un ejército de secretarios, pagados por el Estado, se puso a leerlas. Eran de todo el mundo. Es de notar una, que llegó de Catania, con una sola palabra: “Cornudo”, que fue automáticamente destruida.
Un redactor dijo que lo invitaron por teléfono, a un agasajo donde iba a estar el marciano, que simuló la voz de la criada, y dijo que el hombre de la casa no estaba y no sabía cuándo regresaría. El periodista terminó su nota diciendo que está bastante harto del extraño. Además, él conocía esas reuniones culinarias y de aperitivos donde terminan borrachos o intentan dejar ebrio a Kunt y le hablan de que ellos (cada uno de sus interlocutores) le van a dar la justa de la situación en Italia y en Europa, y que “no es lo que parece”.
En Trastevere el marciano fue visto con dos prostitutas. Parece que al principio todo marchaba bien, pero luego ellas iniciaron una gresca, no por cuestiones de cachet, ni por quedarse con el extraterrestre, sino por no ir a la cama con él: aparentemente ninguna quería, no se sabe sin por miedo a encontrarse con cierta anatomía desmedida (o viceversa) o por una cuestión de nacionalismo.
Un sábado lo llevaron al Fiumicino, y le dieron un ramo de flores, para recibir a una actriz de Hollywood. Pero cuando la diva apareció en la puerta del avión nadie se acordó del marciano. Y cuando ella bajó con su pollera tubo, y un escote de maravilla, que tiraba para arriba lo que con seguridad estaba para abajo, le pidieron al marciano que se aparte.
Es probable que Kunt no haya sabido nunca, pero en los últimos días se habían formado grupos de intelectuales para discutir sobre esta visita, pero sin la visita.
En esos conciliábulos se han escucharon las teorías más dispares y extravagantes. Una por ejemplo decía que el marciano llegó a la Tierra a descansar de tanto trabajar el Marte sin que le paguen aguinaldo; otra decía que estaba enamorado de una bailarina de ballet y ella no le respondía. Que se había enamorado desde su planeta lejano, que para el amor no hay distancia, sino un calor que sube, sube, sube, y produce locuras, como venirse desde el infinito a buscar a la querida, que encima le da vuelta la cara.
Un testigo contó que se encontró en la playa con Kunt. Que ambos andaban caminando solos, pateando piedritas, juntando caracoles. El ser humano dijo que simuló no reconocerlo, pero el marciano era alto, inconfundible. Le puso un dedo en el pecho y le dijo (no sabemos si fue cierto) “Yo, marciano”.
El hombre contó que le pareció triste. Que tenía un brillo especial en sus pupilas, un brillo como de viejo. Esa melancolía que no se borra ni con la mejor de las sonrisas.
Refiere el testigo que lo invitó a tomar whisky en un barcito al lado del mar, y que aceptó agradecido, que en un momento le puso la manota en el hombro y vio, o le pareció ver, que el agua del mar se había trasladado con sombras y todo, a sus ojos.
Cerca de fin de año corrió la voz que el marciano y un actor porno estaban teniendo un romance. Pero que el extraterrestre quería guardar la apariencia de lo políticamente correcto en materia sexual. Sin embargo se conoce que el muchacho, un joven mancebo, puro fibra, estuvo en la suite y que Kunt le gritó, “¿Por qué no te vienes a vivir a Marte? Allá hay verdadera democracia, no como aquí”.
Se cuenta que Rossellini Roberto, el director de cine lo quiso contratar para un film sobre marcianos y le pidió a Kunt que se contacte con la gente de allá para que desde Marte financien el film. ¿Cuánta de todas las cosas que se dicen o dijeron son ciertas? La gente fabula, hace chismes, inventa situaciones.
La verdad es que lo vieron al marciano en un shopping de una gasolinera, solo, sentado en la última mesa, pensando, parece, mirando unas flores rosadas, que, dijo la mesera que él le comentó, que no hay en Marte. Y lo divisaron andar también solitario en medio de la calle hacia su hotel, ya sin custodia, ni fans. Atrás, vaya a saber adónde, se quedaron los paparazzi, la histeria colectiva, el seguimiento de todos sus movimientos.
Se piensa que Kunt quiere regresar a su casa. En el hotel aseguran que no baja a desayunar y suele pedir la cena (frugal) en su suite, y que come con desgano, y toma bastante alcohol. La depresión es un estado que indica que la persona, en este caso el marciano, desea volver. Volver a su pasado, volver a su lugar, a su patria, a su querida, a sus libros y a sus recuerdos, a su infancia perdida en un recodo del sistema solar.
Solo debe recuperar el plato volador que han transformado en un lugar de turismo con visitas guiadas. Pero las agencias se dieron cuenta que los anotados cada vez son menos.
Son los mismos que sintieron que una de esas noches de enero, con mucho frío en las calles, poco alumbradas y bastante desiertas, lo descubrieron a Kunt recorrer despacio, algo tambaleante, los adoquines mojados, y alguien le gritó, desde la oscuridad:
¡Eh, marciano!
Que él paró unos instantes, y luego continuó su camino.
Sobre el cuento de Un Marziano a Roma (1954), de Ennio Flaiano.