Por María Tresols. Oberá. Escritora y artista audiovisual
La gente ve algo, pero no sabemos qué. ¿Qué gente? ¿Qué ven? ¿Qué es ese algo? ¿Quiénes no saben qué? ¿Qué es eso que no sabemos? ¿Quiénes somos? Acá somos nuestras mejores maldades. Nuestros infiernos. Le invito a conocerse un poco, le prometo que si logra superar el hastío que producen nuestros espíritus miserables, verá usted lo mejor de la humanidad. Como en una parálisis del sueño, uno quiere moverse y no puede, no logra despertarse y salir de ese estado, pero si llega a superar el miedo, un sueño lúcido empieza y puede volar sobre nubes pomposas y brillantes con solo pensarlo.
Dice una frase al principio del libo: Éste es un viaje muy extraño. Un andar sin final e incluso si el círculo no tiene salida la experiencia te deja aniquilado. Es cierto, es intenso, es un viaje adentro (de algo) que está adentro de otra cosa en un loop con variaciones que empiezan a distorsionarse y generan algo nuevo.
“Al no ver el monstruo de hierro ni a ningún esbirro del misterioso grupo de apoyo, nos atrevimos a avanzar. Habiendo ganado los primeros metros fuimos conscientes de que no teníamos armas. Clorinda Stiglitz de inmediato asumió el error estratégico y administró la solución: llegar lo antes posible al servicio de cirugía. Entramos a la carrera a la sala de operaciones, estaba intacta. Salvo por el cuerpo con una operación a corazón abierto que debió ser interrumpida por causas mayores. Nos repartimos los bisturíes, pinzas, tijeras, sierras, perforadoras y agujas, hasta desmontamos las luces incandescentes y halógenas. Un arsenal que podía ser utilizado, aunque no teníamos aún ni idea de cómo lograrlo, a distancia imitando un número circense de lanzacuchillos o en lucha cuerpo a cuerpo. Faltaba proveernos de algo que nos permitiera neutralizar a esa Máquina de La Gran Guerra Racial, revestida de planchas resistentes a todo poder abrasivo. Necesitábamos inventar alguna especie de obús o bazooka antitanque, portátil, que facilitara acercarnos lo más posible para intentar alguna avería. “
Acá puede encontrarse con un perro con tres patas y mutantes, enfermeras y científicos, una operación a corazón abierto abandonada en pleno desastre, un tango musicalizando alguna escena bizarra, un narrador que canta Sandro, un baile de salón y un montón de cuerpos desechados. Personajes extraños, que se hacen querer después de mucho juzgarlos. Acá estamos todo el tiempo al borde y preferiríamos tener un sofá y una buena charla, que todo vaya al ritmo de la música y bailemos, hasta los lentos. Pero pasan cosas. ¿Serán las cosas que vemos? Puede que sí, o no. A lo mejor es de otra manera.
N. del E. La autora agradece la colaboración de Gastón López en la edición del video.