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Zona de interés, cine y charla de café virtual

    Por NEACONATUS

    Nos atrevemos con otra mesa redonda donde, desde nuestras pantallas, charlamos sobre películas, esta vez es el turno de Zona de Interés. Para ello, Neaconatus invitó a participar a Carlos Piegari, Santiago Morales, Matías Wendt y Alberto Szretter (que hará de moderador).

    Habrá más y quedan invitados/as a sumarse. La modalidad será a través de E-mail, luego de ver el film, con preguntas y respuestas que escribirán y leerán todos los participantes. Se solicita a los integrantes de la mesa opiniones breves, para que puedan expresarse todos, y así sus apreciaciones podrán publicarse posteriormente. Los participantes podrán no contestar alguna cuestión, como también podrán preguntar a la mesa algún punto en particular. O debatir con otro participante.

    Zona de interés (2023). Ficha técnica. Dirección, Jonathan Glazer. Producción, Ewa Puszczynska (polaca). Guion, Jonathan Glazer. Basada en un libro de Martin Amis. Música Mica Levi. Fotografía, Lukasz Zal. Montaje, Paul Watts. Diseño de sonido, Johnie Burn. Protagonistas: 12 personas. Actores principales, Christian Friedel (como Rudolf Höss) y Sandra Hüller (como Hedwig Höss). Como información colateral, Martin Amis, que vivió en Uruguay mucho tiempo, falleció el mayo de 2023 (aún no hace un año).

    Es una película que ha sido nominada a numerosos premios y recibió importantes galardones. En la edición 96º de los Premios Oscar, el film ganó el premio Mejor Película Internacional. Fue en esa noche cuando Glazer, el Director y guionista, subió a recibir la condecoración, y habló de las viejas atrocidades y de las actuales víctimas tanto de Hamas como de los ataques de Israel en Gaza. O sea, dijo, no solo “mirá lo que hicieron entonces”, sino “mirá lo que hacemos ahora”.

    Breve sinopsis. Rudolf Höss, comandante del campo de concentración de Auschwitz vive con su esposa Hedwig y familia y empleados de la casa, al lado de la zona de exterminio. Solo los separan una medianera. Todo parece desarrollarse de manera idílica. Höss aprueba un nuevo crematorio, más eficiente. Recibe la noticia de que lo van a ascender y tendrá que mudarse, lo que le trae problemas con Hedwig, y además deberá encargarse del traslado de 700000 judíos de Hungría a Auschwitz. 

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     Alberto Szretter (AS): ya hemos visto la película, si les gustó, pueden decir, en pocas líneas, por qué.

    Carlos Piegari (CP)

    Santiago Morales (SM)

    Matías Wendt (MW)

    Carlos Piegari (CP): La película no me decepcionó. Pero en mi caso sucede que compré el libro de Amis, apenas fue editado por Anagrama en España (2015). El libro me voló la cabeza. No me imaginé que sería varios años después una producción cinematográfica. El guion no responde a los contenidos totales de lo que escribió Amis. Sentí que habían efectuado un recorte centrado en la familia nazi. No lo cuestiono. La primera voz del libro no coincide con la omnímoda de la película. Casi 2/3 del libro quedaron afuera. Y se centraron en la personalidad de los integrantes y las conductas de la familia. Pero queda afuera el protagonismo de Golo, un joven oficial sobrino de Bormann que llega al campo de exterminio para montar una fábrica con mano de obra esclava. Y crea incidencias en el aparente orden familiar.

    Santiago Morales (SM): Por su claridad. Por el registro usado para tratar el tema central: la complicidad. Por el punto de vista de Sandra Huller, esa mezcla nórdica de  Meryl Streep y Laura Linney, que lleva la película adelante, “nos” lleva como guía por ese tren fantasma. Y por el panorama general de los otros personajes. El trauma de los niños que tienen que ignorar lo que pasa. Porque es completa la radiografía del dinosaurio: en la cama, en la oficina, en el desayuno. Por el tratamiento indirecto para reflexionar profundamente. Por la decisión de cómo mostrar la crueldad, la negación del otro.

    Matías Wendt (MW): Hay un juego fenomenal en el contraste entre el campo de flores y el campo de concentración, de un lado la vida o el entretenimiento y del otro el espanto y la muerte, separados por algún tipo de precio que se desconoce. Hay mucha luz sobre la angurria del goce por la posesión del otro, del engendro incomprensible, no-humano que, quién sabe por qué y no interesa, tenía tantas cosas y era también inteligente y era, sobre todo, un peligro.

    AS: En las películas “campo” es lo que ve el espectador, “fuera de campo” es lo que no ve, pero se puede oír. En Zona de interés el “fuera de campo” parece importante, muy importante ¿están de acuerdo? ¿Qué opinión les merece?

    CP: Esto pone en primer plano el debate sobre Shoa de Lanzmann y la Lista de Schindler de Spielberg. ¿Qué mostrar? ¿Qué no? Harun Farocki debe terciar, cuando plantea la crítica política de la imagen. Y privilegia un espectador no convencional, examinador y que se cuestione las cosas. Esta película interpela a un público diferente. No es para quienes desean ir a ver una de “nazis y campos de concentración”.

    SM: Tiene la dinámica que tenía esa película de Costa Gravas en que lo separadores de secuencias eran unos trenes que pasaban rápidamente y apenas se veían u oían. Lo importante estaba dentro de ellos, invisibles a nosotros, rumbo al matadero. El conflicto se arma en lo lateral. El horror está agazapado. Esta película la veo como de género de terror. Y no solo terror social, sino terror del que la expectativa es antirespiratoria. Los olores, la ceniza, los sonidos pavorosos y distorsionados provenientes de una aparente lejanía que es bien cerca.

    MW: El “fuera de campo” que se oye, ése otro mundo del horror que está en casa, bajo la alfombra, toma otra dimensión además con el recurso del fondo de colores – negro, blanco, rojo, negro -, que cubren pulcra y totalmente la superficie de la película, en una analogía de lo que esconde la limpieza de lo unívoco.

    AS: Rudolf Höss es agasajado con una fiesta ampulosa, hacia el final del film. Notar que salvo al principio de esa parte y por momentos escasos, no hay música. Y no hay música a pesar de ser una fiesta. No hay música en la cabeza de ese asesino. Es más, con planos largos y cadenciosos se lo ve subir las escaleras, dirigirse, solo, hacia los pisos superiores del edificio. ¿Es un personaje vacío? ¿Anémico a todo lo que lo rodea? ¿Qué creen ustedes que está pensando?

    CP: Sí. Höss es un profesional de la muerte masiva sobre línea de montaje. La ausencia de música es una metáfora que manifiesta la clausura emocional de este hombre. Para llegar a ser uno de los más destacados gestores de campos de exterminio, elaboró (conscientemente) un programa interno de ausencia de afectividades. No es un inmoral, sino un amoral. Dentro de él, no hay nada. Es como un muñeco de cera. Un genuino y aplicado burócrata. Podría haber sido un magnífico funcionario en la banca de Caputo. Su trabajo lo es todo. Se capacitó a conciencia en su actividad, hoy sería un caso de genuina meritocracia.

    SM: Heidegger alertó sobre el peligro de enfocar el capitalismo en la técnica y no en el ser. Esa escena es memorable, cuando el asesino recorre un palacio como turista atraído por la arquitectura mientras en una gran sala los matones deciden los pormenores de la matanza y él, alejado, paseando ensimismado, solo piensa en la mejor manera de construir una cámara de gas para matarlos a todos.

    MW: Hay un juego con la obsesión por la prolijidad o la pureza y su relación con la mugre, los desperdicios y el desorden, en toda la película, se manifiesta abiertamente en la escena en la que limpian las ventanas del museo, la transparencia del ventanal que separa la vida de la muerte logra que ambas se junten en la banalidad de la profunda alienación de los personajes. Se narra un mundo en el que todos son sujetos descartables, meros objetos que se identifican a través de la posesión de objetos y se relacionan entre sí como útiles. Höss es un psicópata, que el contexto de identificación patológica con la fuerza del nazismo, lo hace parecer un tipo común.

    AS: En un momento Hedwig le regaña a Rudolf el traslado, lo hace en la casa y lo sigue para encararlo hasta un pequeño muelle. Allí le dice algo terrible “este es nuestro espacio vital”. Se lo dice para no irse de esa casa idílica. Es el espacio vital de ella, pero habría que preguntarles a los presos del otro lado qué piensan. Además, la promesa de más “espacio vital” para los alemanes fue vital en la propaganda de Hitler. ¿Ella ya da por sentado que lo posee sin posibilidad de cambio? ¿Qué a los que les fue quitado jamás regresarán? ¿Qué la historia está cerrada?

    CP: Esta referencia al “espacio vital” es muy importante. Tiene doble lectura: espacial y vivencial. Debemos considerar como un factor fuerte la obsesión alemana por la germanización de los territorios extranjeros ocupados. La presencia alemana se fundamenta en la conquista del suelo y su propiedad. Hedwig vive en Polonia, y ya la considera suya.  

    SM: Es bien Tarkovski también. Hay un lugar, un espacio físico, donde hay un desastre humano, y es muy Ballard también, la catástrofe sucede, provocada por el hombre, y al lado, bien al lado, la vida transcurre como si nada, mediante la naturalización del mal.

    MW: Los niños juegan en el arroyo al “eres lo que dices”, vemos, sin embargo, que los personajes, mirados de cerca, siempre dicen demás a partir de lo que callan y siempre son menos que su reputación. Hedwig está obsesionada con su casa de ensueño y está, sobre todo obsesionada con las cosas materiales y con los lujos. Es capaz de abandonar al marido, pero no sus cosas nuevas. A Höss le cuesta más despedirse de su caballo que de su familia. Toda la película es una alegoría a los juguetes para adultos, a esas cosas materiales a partir de las que se definen o en las que pretenden encontrar quiénes son, a los consumos que los hacen especiales, con los que se diferencian e identifican.

    AS: Al final hay un salto cronológico, después de contar la historia de la familia Höss, la película muestra a trabajadoras de limpieza en pleno siglo XXI pasando un trapo, barriendo, lo que al final terminó como museo, el Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau. Ahí recién se muestran los calzados de los muertos, la ropa (que no llevaron los Höss) otros utensilios. ¿Qué significa este salto temporal? ¿Indiferencia? ¿Memoria museística que lava el pasado? ¿Turismo del horror?

    CP: Puede haber varias interpretaciones. Yo me decanto por la intención del director de manifestar el hoy, un cierre banal y falsamente memorialista. Ya está, pasó hace mucho tiempo, el “eche veinte centavos en la ranura…” de Raúl González Tuñón.  

    SM: Y…le da un shock de realismo. Como en la icónica Lista de Schlinder. Sacude al espectador con esa irrupción documental. Miren que esto pasó.

    MW:  Tal vez un llamado de atención o una revelación para esta época, de que la frivolidad y la crueldad van de la mano. Pronto habrá sólo la técnica y el desierto, decía Günther Anders.

    AS: ¿Qué detalles insertos al pasar (pero muy significativos) encontraron?

    CP: Para mí la atonía de la familia perfecta, representada por las hermosas flores del jardín abonadas con cenizas de víctimas gaseadas y cremadas en los hornos. La familia debe ser algo incuestionable, aunque se cimente en vínculos turbios.

    SM: está llena de detalles. Por eso la considero una obra maestra. Lo contrario a las ideas generales, al ritmo mainstream.

    ¿Qué les pareció el personaje secundario de la abuela? orgullosa del logro de su hija de convertirse en ama de casa excepcional con jardín florecido, es la única reacción en la película, se va durante la noche, se raja, no aguanta el dejo de culpa que le entra en las rendijas de su conciencia, prefiere seguir siendo cómplice, pero estando lejos.

    Las amapolas del jardín. Crecidas sobre restos humanos. Es una obra sobre fertilizantes. 

    MW:  Me interesan las escenas que derrochan infelicidad en medio de la opulencia, conflictos e incomodidades disimuladas, la hediondez del sosiego de este lado del muro. La abuela que se pregunta si sus vecinos (judíos), que tienen nombre y apellido, estarán al otro lado. Los niños que escuchan o ven algo que no deberían escuchar. La desesperación por la abundancia material y la insatisfacción sexual. “Puedo hacer que mi esposo derrame tus cenizas en los campos de Babice” le dice Hedwig a la sirvienta mientras morfa, sola, en la cocina, y después se pone a fumar en el invernadero con el sirviente que arregla el jardín.

    Es una película aterradora, el mal es banal y está en casa, es silencioso y hace mucho ruido, los bebés lloran, los perros están inquietos, los adultos se distraen.

    AS: ¿Alguna conexión con nuestro presente argentino actual? 

    CP: La actualidad. La abuela sería nuestra orgullosa clase media desvaneciéndose, pero intentando que nadie se dé cuenta del gran fracaso que la involucra históricamente. Una clase media argentina que utilizó como “fertilizantes” a grandes capas de población que explotó para su bienestar.

    SM: Sí, el mal y el bien. Hay dos lados de la moneda. En estos casos los matices se difuminan. Otro detalle, medio pelotudez, pero interesante como un claro ejemplo de política, es la carta pidiendo que no lo trasladen. Es el mejor. Y lo construyó. Pero su puesto le queda grande. Le toca a otro.

    MW:  Sí, hay una voluntad totalitaria en la actualidad, desean que el poder económico sea el único con voz autorizada y el único que autoriza una voz. Atacan a la ciencia, a la cultura, a los docentes, a los periodistas que no comulgan, a todos aquellos “engendros del mal” que podrían desautorizar su voz. Hoy el culto a la fuerza es el capital desencadenado que practica la crueldad abiertamente, como en casa, tiene repulsión por la debilidad dado que no puede asumir la vulnerabilidad propia, admite el daño como costo necesario y goza de la crueldad que le promete adormecer su angustia destruyendo.

    AS: A mí me gustaría resaltar un tema que se planteó acá anteriormente: el concepto de espacio vital que nombró Hedwig en su discusión con Rudolf, en el muelle del río. Ella dice que no entiende cómo es que se pueden mudar a otro sitio, porque ese (esa casa) es el espacio vital de la familia. Eso demuestra su egoísmo, y el egoísmo de la ideología fascista-nazi. Ella piensa en su familia, solamente, cuando al lado, del otro lado de la medianera a miles de personas se les quitaba el “espacio vital” con la muerte. Y empalmo estos conceptos con el ideario (si es que puede denominarse así) del actual gobierno nacional argentino, de Milei, que desprecia a los otros, echa gente de trabajos, cierra institutos de ayuda y solidaridad, disminuye los haberes de los jubilados y de los laburantes. ¿Qué es esto? Es el odio en el fondo al “otro”. Ese “otro” somos todos los argentinos, que siguiendo la figura de la película, seremos los que estamos encerrados en los muros del campo de concentración. Me parece una analogía perfecta. Que me disculpen las víctimas del holocausto, pero en argentina estamos sufriendo el mismo camino de la crueldad, como dijo el escritor Kohen.  Hay algo más, también que se puede agregar: el espacio vital de las clases pudientes argentas: los countries, los shoppings, los hoteles exclusivos, El Alvear, por ejemplo, o lugares como Pinamar, la Sociedad Rural, el Hípico, la playa de José Ignacio, etcétera. Ellos, los ricos tienen derecho a juntarse donde quieran, el problema es que lo hacen gracias al trabajo de miles de compatriotas, que por una capacidad de poder adquisitivo y de clase, no pueden ni siquiera darse un gustito culinario dominguero

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