“…en el día de ayer por la tarde, tres ciudadanos argentinos nos encontrábamos en la infortunada Encarnación, llevados por el deseo de comprobar personalmente lo que nos había parecido fabuloso o fantástico según noticias circulantes desde el primer momento de la catástrofe, cuando de pronto tuvimos el alto honor de ser cumplimentados por un señor de distinguida presencia, en cuya expresión asomaba el profundo y acerbo dolor que torturaba su espíritu. Dirigiéndose a uno de los concurrentes aludidos, le hizo esta expresiva interrogación: ´Dígame, señor, ¿es usted argentino?´ El interrogado le contestó sin poder disimular su dolor común: ´Sí, señor, soy argentino.´ ´Pues bien, prosiguió el interlocutor, le agradecería eternamente si usted no tuviera inconveniente de hacer saber a sus amigos, a su familia y al pueblo argentino entero, si posible fuera, la profunda gratitud que el pueblo paraguayo le guarda por su actitud tan humanitaria y altruista en estos momentos aciagos y de desesperación general; y ya que nuestros esfuerzos humanos no podrán ser suficientes para retribuir tan grande ayuda, rogaré a Dios, en nombre de mi desdichado pueblo, para que la Argentina hidalga y generosa por excelencia sea cada día más grande, próspera y gloriosa´” …